La acústica del monasterio de Santo Domingo de Silos

Post 109 - 3 de Marzo de 2008 - Categoría: Acústica arquitectónica.

 

El monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, situado en Burgos, es un referente mundial en el estudio y la difusión del canto gregoriano. Con el tiempo han creado una marca y un sonido reconocible en todo el mundo. Su nombre se asocia a música relajante y espiritual, pero pocos han tenido la suerte y el placer de escucharla en el propio monasterio.


El edificio principal, la iglesia de la abadía, tiene su origen en el siglo VII con un edifico de menores proporciones y más austero que el actual. Ha sido objeto de diferentes transformaciones, la más importante de las cuales fue la que se produjo a mediados del siglo XVIII, y que sustituyó la antigua iglesia románica por la actual de estilo neoclásico-barroco.

 

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Los valores acústicos de la iglesia son muy parecidos a otras iglesias de características similares. Los materiales con los que está construida y su volumen hacen que sea un recinto altamente reverberante. En otros post hemos comentado que un tiempo de reverberación entre 0,9 y 1,4 segundos nos es muy útil para comprender el mensaje cantado, en cambio en la iglesia de la abadía tenemos 6 segundos de tiempo de reverberación, medido sin público, con público descendería un poco. Se encuentra muy lejos de los tiempos recomendados, pero gracias al tipo de música que se interpreta en estas iglesias, esta puede ser bien percibida por los oyentes.


El canto gregoriano es música vocal, es decir, a capella, sin acompañamiento de instrumentos y donde la comprensión del texto tiene mucha importancia. Se recita el texto en una nota fija sobre la que se realizan inflexiones, a manera de ornamento. Estos cantos que contienen una declamación solemne de textos litúrgicos, pero no como si se tratara de un discurso, sino que se declaman musicados o cantilados. La música aporta al texto una solemnidad y le da un ritmo pausado, necesario para que las palabras no sean cantadas rápidas y se sobrepongan las unas encima de las otras. Además se marcan los acentos de las palabras y los signos de puntuación, lo cual es importantísimo para comprender el mensaje en un espacio tan reverberante. Y otra ventaja de la cantilación es que permite al oficiante elevar la voz de una manera estética y ser escuchado por una amplia audiencia.

 

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Foto de arte-romanico.com 

 


Pero el canto gregoriano no siempre se ha cantado en espacios tan reverberantes en los siglos IV al XI. Cuando tenía su máximo esplendor existían dos tipos de recintos: pequeños templos monacales para uso casi exclusivo de los monjes de la congregación, y basílicas de mayores dimensiones para uso público. Las primeras, por sus reducidas dimensiones, presentaban valores bajos del tiempo de reverberación, lo que favorecía la inteligibilidad. Por otra parte, las proporciones de las basílicas, sus techos de madera no demasiado altos, y la inexistencia de grandes paredes ciegas hacían que las condiciones acústicas de estas iglesias favoreciesen también la inteligibilidad del habla en los mismos.


Con todo lo expuesto, vemos como el canto está adaptado a los recintos donde tiene que interpretarse. Espacios muy reverberantes, que hacen que una nota esté presente en el recinto durante 6 segundos después de ser emitida. Esto no permite hacer los cambios de escala que les apetecieran a los compositores, ya que muchos de los cambios entrarían en disonancias y serían molestas. La sencillez del canto gregoriano es necesaria ya que se trata de una música concebida para ser interpretada en recintos muy reverberantes.

 

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Si queréis más información técnica sobre esto, aquí tenéis el estudio realizado por César Díaz y Antonio Pedrero de la Universidad Politécnica de Madrid, del que hemos extraído parte de esta aportación.

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