Experimento musical en un metro

Post 20 - 10 de Abril - Categoría: Psicoacústica

 

El viernes 12 de enero de 2007, en plena hora punta, el que fue un niño prodigio y es uno de los mejores intérpretes de violín del mundo, Joshua Bell (Estados Unidos, 1967), se situó en el vestíbulo de la estación de metro de L’Enfant en la ciudad de Washington. Interpretó seis piezas magistrales de Bach y Schubert, pero no conocidas por el público no aficionado a la música clásica. Provisto de un Stradivarius, pieza única en el mundo y datado del 1713, actuó 43 minutos, durante los cuales prácticamente nadie se detuvo a escuchar.

 

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Interior del Boston Symphony Hall

 

El músico tocaba el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. Joshua Bell, tres días antes había llenado el Boston Symphony Hall, a 100 euros la butaca.

 

Antes de realizarse el experimento, los expertos coincidieron en predecir que se terminaría formando un corro a su alrededor y que la gente sabría distinguir el auténtico talento. Incluso tenían miedo a las avalanchas de gente. Sin embargo, de las 1.070 personas que pasaron por delante de Bell durante el tiempo que duró la prueba, solo siete se detuvieron a escuchar y la mayoría durante menos de un minuto.

 

El director de la Orquesta Sinfónica Nacional de EE UU, Leonard Slatkin, había previsto que el músico recaudaría unos 150 dólares y que, de mil personas, unas 35 se detendrían haciendo un corrillo, absortas por la belleza. Hasta un centenar, según Slatkin, echaría dinero en la funda del violín. Pero eso no fue lo que ocurrió. A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Sólo 27 le dieron dinero, la mayoría sin pararse. En total, ganó 32 dólares. No hubo corrillos y nadie le reconoció.

 

La experiencia lleva a los autores del artículo a realizarse algunas preguntas estremecedoras: ¿Tenemos tiempo para la belleza? Las imágenes registradas por las cámaras nos muestran un trasiego de ciudadanos demasiado ocupados en hablar por sus móviles o por llegar a la oficina como para detenerse a disfrutar por un instante. Afortunadamente, al final de la grabación una mujer se detiene ante Joshua Bell y espera a que termine la pieza. “Te vi en la Biblioteca del Congreso – le dice – Fue fantástico. Ésta es una de esas cosas que solo pueden pasar en esta ciudad”.

 

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Joshua Bell tocando en el vestíbulo

 

Es importante tener en cuenta que el contexto importa y mucho. Una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza ni es un sitio para tocar música clásica. Escuchamos música dentro del coche, dentro de las tiendas, por la calle, en el metro..., pero en realidad no la escuchamos. Ella está allí y nos acompaña, pero al mismo tiempo vigilamos no tropezarnos con la acera, esquivamos a gente a nuestro alrededor o solamente estamos pensando en nuestras preocupaciones.

 

Escuchar música requiere un ambiente, una tranquilidad para percibirla toda. Sino es como si estuviéramos leyendo un libro con frases que le faltan palabras.

 

Una estación de metro, sea de Washington o Barcelona, es una zona de paso, no se va a perder el tiempo. La gente pasa y piensa en lo que va hacer dentro de media hora. Si hubiera sido en una plaza el experimento hubiera tenido más éxito.

El experimento intenta comprobar si la gente sabe reconocer la auténtica belleza en pocos segundos: cuando cruza un acceso al metro. Para un arte como la música la respuesta es no.

 

Ni tocando las piezas más conocidas de la música clásica se hubiera conseguido. Pero quizás tocando en alguna plaza o parque se hubiera podido captar más gente. Gente que no entiende de música clásica se hubiera acercado y quizás hubiera tenido tiempo para comprender que lo que estaba escuchando era autentica belleza. Porque también tenemos que pensar que no toda la gente que paga 100 dólares y asiste al Boston Symphony Hall la capta.

 

Es más un experimento para vender periódicos y no para demostrar cualidades musicales. Flaco favor hacen a sus grandes intérpretes.

 

 

También os pongo un video de que pasa cuando Bruce Springsteen se pone a tocar de improviso en la calle de Copenhage.

 

Eco de:
Fogonazos

 

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