Drogas acústicas

Post 179 - 1 de Diciembre de 2008 - Categoría: Psicoacústica y cerebro.

 

Un amigo me pregunto si existían las drogas acústicas, ya que lo escuchó en una radio. Bajo ese nombre se están vendiendo ciertos sonidos que “simulan” los efectos de las drogas, pero que no podemos decir que sean drogas acústicas.


Es muy conocido, desde un punto de vista antropológico y médico, que determinadas frecuencias de sonido llegan a alterar el comportamiento de las personas. Las altas frecuencias son asociadas a comportamientos de estrés, euforia y agresividad y las bajas frecuencias con relajamiento y espiritualidad. Ya que los sonidos y los ritmos alteran nuestras mentes, ¿por qué no sintetizar un sonido que imiten los efectos de las drogas convencionales? Esta pregunta ya la han respondido en Estados unidos y en Israel, donde existen empresas que han elaborado ciertos sonidos que producen los efectos de las drogas más comunes.


Estas “sustancias” acústicas no son tan intensas que las sustancias ingeridas como drogas, y necesitan de un periodo mayor de “ingesta” auditiva. Suelen aparecer los efectos entre 15 a 45 minutos dependiendo de cada individuo y del efecto requerido.


Estos sonidos se presentan en forma de canciones, muy largas y repetitivas. Sus melodías son ínfimas y prevalece el sonido repetitivo y lisérgico, como si se tratara de un mantra oriental. Pueden tener elementos de percusión o presentarse sin ellos y a veces sonidos grabados directamente de la naturaleza. Pero lo que más encontramos son sonidos creados a partir de frecuencias que afectan directamente a partes de nuestro cerebro. Estos sonidos no son muy agradables y se parecen más a un ruido parasitario o estático que un sonido bien timbrado.


Son composiciones que deben escucharse con auriculares para que surja el efecto. Con los auriculares podemos escuchar sonidos binaurales, o sea diferentes para cada oído. Estas diferencias pueden ser de tiempo, retrasando un sonido para un oído, o de intensidad, haciendo que se escuche más bajo de volumen en un oído respecto al otro.


Los sonidos “parásitos” expresamente creados para la composición y con una escucha binaural, un espectro sonoro diferente para cada oído, conseguimos el efecto parecido a los narcóticos.

 

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La teoría modular de la percepción musical, explica como los diferentes aspectos de la música (emoción, ritmo, tono, etc) se procesan en regiones diferentes y parcialmente superpuestas de ambos hemisferios cerebrales. Y además estas regiones presentan una gran variabilidad interindividual. Con lo que podemos deducir que no hay una zona destinada concreta a la interpretación de la música, sinó que nuestro cerebro trabaja como una gran red de interpretación y algunos de estos espacios coinciden con los relacionados con los que las drogas alteran con sus substancias químicas. Cuando excitamos estas zonas cerebrales a través del sonido, es como si lo hiciéramos con una droga convencional.


Existen composiciones para todo tipo de estimulación: eliminan el hambre, el dolor, consiguen relajación muscular, combaten los efectos del alcohol, son antidepresivos, para relajar nuestra mente o para conseguir la euforia, etc. Con ellos también han surgido todo tipo de manifestaciones y controversia sobre este tipo de mercado.

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